
MAYA FEINZAIG
Mi nombre es Maya Dina Feinzaig Silbermann, y mi historia empieza por entender de dónde vengo.
Cada parte de mi nombre representa una historia, una persona y un origen que forman quién soy hoy. Maya, que significa agua o corriente de agua en hebreo, me conecta con algo tan esencial como la vida misma. Dina, el nombre de mi bisabuela Dina Rosenstein, representa a una mujer fuerte cuya presencia ha viajado a través de generaciones, guiando con sabiduría. Feinzaig Silbermann, mis apellidos, no son solo palabras: son memoria. Memoria de quienes lucharon, sobrevivieron, amaron y dejaron un legado que llevo conmigo cada día.
Nací el 21 de junio de 2011 en el Hospital CIMA, en San José, Costa Rica. No tengo recuerdos de mi nacimiento, pero sé, por las historias que siempre me cuentan, que mi llegada fue un momento de inmensa alegría para mi familia.
Mis primeros recuerdos de la infancia están llenos de momentos felices en casa, junto a mi hermano Billy. Cuando éramos bebés, cada fin de semana nos despertábamos muy temprano y corríamos a despertar a nuestros papás para que nos dieran comida. Hasta que un día se cansaron y desde entonces, todas las noches le dejaban a Billy un banano y una leche de chocolate Lula en la mesa para que lo encontrara la mañana siguiente. Ese pequeño gesto fomentó la independencia que hoy tenemos.
Crecí rodeada de felicidad, disfrutando paseos al campo, pintando y cantando. Mis papás siempre me cuentan que cuando era bebé lo que más me fascinaba eran las vacas; cada vez que veía una gritaba emocionada: “¡Vacaaass!”. También me encantaba jugar en el condominio con mis vecinos, hacer pociones mágicas, pintar y “cocinar”, dejando volar mi imaginación en cada juego.
Antes de entrar al Colegio Weizman, fui al kínder Yabala Montessori, un lugar donde aprendí a ser independiente y a confiar en mi cuerpo y en mis decisiones. Ahí descubrí la importancia de explorar el mundo por mí misma. Esa experiencia me marcó profundamente y me ayudó a convertirme en la persona que soy hoy.
Me considero una persona trabajadora, colaboradora y buena amiga. Disfruto mucho de mi propio espacio y de mis momentos de tranquilidad, aunque no me gusta sentirme sola. No soy muy abrazadora ni excesivamente afectuosa físicamente, pero me encanta salir, compartir con los demás y ser social. Valoro las buenas conversaciones, conocer gente nueva y vivir experiencias, siempre a mi manera y a mi propio ritmo.
También me encanta cocinar, sobre todo cosas dulces y pan de masa madre. Cocinar es algo que disfruto mucho porque me relaja y me permite crear con mis manos. Me gusta amasar, probar recetas nuevas y compartir lo que hago con mi familia. Hacer pan de masa madre me ha enseñado a tener paciencia, porque necesita tiempo y cuidado.
Soy una persona muy artística y creativa. Me encanta expresar mis ideas a través del arte, especialmente la cerámica, porque me permite transformar materiales simples en algo único con mis propias manos. También practico yoga y pilates, actividades que me ayudan a mantener el equilibrio entre el cuerpo y la mente. Para mí, la creatividad no es solo un hobby, es una forma de ver y entender el mundo.
Desde pequeña, mis raíces me han guiado, incluso cuando no siempre fui consciente de ello. Mis papás, con su amor y su ejemplo, me enseñaron valores fundamentales como la humildad y la solidaridad. Recuerdo participar en actividades solidarias, como pintar latas de atún con mensajes inspiradores junto a CADENA, para ayudar a personas que lo necesitaban. Esas experiencias me enseñaron que ayudar también es una forma de honrar de dónde vengo.
Mi Bat Mitzva, celebrada el 21 de junio de 2023 en Israel, fue uno de los momentos más significativos de mi vida. Caminar por las calles de Jerusalem, sentir el peso de la historia y visitar Yad Vashem fue profundamente impactante. Allí entendí que ser judía no es solo una identidad, sino un compromiso: con la memoria, con las niñas que no pudieron celebrar su Bat Mitzva porque sus vidas que fueron interrumpidas.
Durante esa experiencia se me asignó el nombre de una niña del Holocausto, Evi Brenner, una niña austriaca que murió en el Holocausto y que, como mis bisabuelos maternos, provenía de Austria. Evi seguramente tenía sueños y deseos parecidos a los míos, pero nunca pudo cumplirlos. Al recordarla, siento que puedo honrar su memoria. Una de las formas en que lo hago es manteniendo vivas las festividades y tradiciones judías.
Las festividades judías siempre han sido momentos de unión en mi familia. Aunque no somos religiosos, las celebramos con mucha emoción y profundidad. Rosh Hashaná, Yom Kipur, Januca y Shabat son espacios donde todo se detiene y nos reunimos, no solo para compartir una comida, sino para compartir tiempo, historias y recuerdos. Las conversaciones alrededor de la mesa, las historias que se repiten una y otra vez, son las que me conectan con el pasado. Los recuerdos de mi abuela cocinando, de mis tías y primas llevándome a comer helado, y de mi hermano y primos bebés jalándome de la mesa para hacer travesuras, son parte de lo que me define.
Mis raíces vienen de Austria, Polonia y Colombia. En Europa, mis antepasados vivieron por generaciones y enfrentaron enormes desafíos. De Austria y Polonia heredé la fuerza, la resistencia y la capacidad de seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. De Colombia heredé el calor, la alegría y el espíritu de comunidad. Todo eso se mezcla en mí y forma quién soy.
Este lazo con el pasado sigue vivo en mi manera de ver el mundo: con curiosidad, sensibilidad y amor. Me gusta crear, disfrutar el presente y vivir intensamente, pero también valoro profundamente la historia que me precede. Para mí, las raíces no son solo recuerdos; son identidad. Hablan de sacrificios y de sueños. Mis raíces me dan fuerza y me permiten crecer y seguir adelante.
Mi sueño para el futuro es seguir transmitiendo el legado que he recibido, a quienes vengan después de mí. Quiero que mis hijos, si algún día los tengo, crezcan con el mismo amor por nuestras tradiciones y con el mismo compromiso con nuestra historia. Porque al final, lo que realmente importa es cómo vivimos y lo que dejamos atrás: un legado de amor, memoria y responsabilidad. Un legado que, como las raíces de un árbol, se extienden y crecen.








Yo con mi papá

Yo con mis abuelas Rosi y Reina
Yo con mis papás

Yo con mi papá, abuela, y bisabuela


Yo con mi prima Ronit


Yo en mi cumpleaños N. 1



Yo con mi bisabuela Buba Esther Z''L
Yo con mi bisabuela Oma Ella Z''L


Yo con Leah


Yo con mi hermano Billy


Yo con mi primo Yoav






