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COMUNIDAD JUDÍA DE COCHABAMBA, BOLIVIA

Antes de los años 30, la comunidad judía en Bolivia era extremadamente pequeña y dispersa: no habían barrios judíos organizados, ni escuelas hebreas, ni instituciones fuertes como en Argentina o Chile, solo vivían algunos comerciantes y artesanos ashkenazíes en ciudades como La Paz, Oruro y Sucre, dedicados principalmente al comercio textil y al intercambio de metales y aunque practicaban sus tradiciones, lo hacían de manera muy informal, reuniéndose en casas particulares para rezar o celebrar fiestas porque no existía todavía una infraestructura comunitaria establecida. Todo cambió en los años 30 con la llegada masiva de refugiados europeos, que se acentuó en junio de 1938, cuando el gobierno boliviano aprobó un decreto de libre inmigración. Gracias a esto, muchas familias y jóvenes judíos pudieron salir de sus países en Europa y llegar a Bolivia en busca de una nueva vida. 

 

También fue muy importante la intervención de Mauricio Hochschild, un empresario judío nacido en Alemania en 1881, quien se había mudado a Sudamérica a principios del siglo XX buscando oportunidades laborales en el campo de la minería y terminó construyendo uno de los imperios de estaño más grandes del continente, lo que le dio influencia política directa con varios gobiernos bolivianos para ayudar a judíos que venían escapando del nazismo. Aunque vivía entre Bolivia, Alemania y Chile por temas de negocios, durante la década de 1930 se estableció mayoritariamente en Bolivia, desde donde utilizó su posición para presionar al gobierno y abrir la inmigración judía justo cuando Europa se volvía cada vez más peligrosa para los judíos. Además de gestionar miles de visas, Hochschild financiaba comida, vivienda temporal y proyectos agrícolas para los recién llegados; también está documentado que los pocos judíos que ya vivían en Bolivia antes de los años 30 recibían en sus casas a familias recién llegadas para que tuvieran un lugar donde quedarse mientras comenzaban de cero. Esta historia se conecta directamente con Ella y Fernando, mis bisabuelos: ellos, igual que miles de judíos europeos, escaparon del antisemitismo creciente y encontraron en Cochabamba una ciudad totalmente distinta, pero que les abrió las puertas. Allí, con el apoyo de personas como Hochschild y con  la solidaridad de la pequeña comunidad judía local apoyada por el Joint Distribution Committee (conocido como JDC), una de las organizaciones judías humanitarias más importantes del mundo, pudieron sobrevivir, trabajar, enamorarse, casarse y formar una familia. Lo único que buscaban era tener una vida normal.

 

De los más de ocho mil judíos que llegaron a Bolivia entre los años 1938 y 1940, sólo 670 personas optaron por quedarse en el país. Sin embargo, sin la comunidad de Cochabamba, donde mi tatarabuelo está enterrado, hoy yo no podría escribir esta historia.

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Mi bisabuelo Fernando Silbermann Z''L con las "cholas" Bolivianas

Mauricio Hochschild

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Mi bisabuelo Fernando Silbermann Z''L en desfile con la bandera de Austria en Chochabamba

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Sinagoga  de Chochabamba

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