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CLAUDIA SILBERMANN

Mi mamá, Claudia Helena Silbermann, nació el 27 de abril de 1978 en Cali, Colombia, una ciudad grande, muy caliente, alegre y rumbera. Desde esa época, se sentía ya mucha vida en sus calles. Desde que nació, su vida ha estado llena de Kavod, honor por su herencia y raíces debido a todo lo que sus antepasados vivieron y le transmitieron durante sus vidas. Le pusieron Claudia porque era un nombre muy típico en alemán y a su abuela le encantaba por una amiga especial que tenía ese nombre. Su segundo nombre, Helena, lo heredó de su bisabuela paterna Helene Müller. Su apellido Silbermann significa “hombre de plata” en alemán y viene de Austria, país donde se habla ese idioma. Ella siempre supo que llevaba en su nombre una historia importante y llena de memoria.

Sus padres son Raúl René Silbermann Deutsch y Reina Lucero Sandoval. Su papá Raúl es una persona dulce, risueña y siempre tiene un chiste listo para hacer sonreír a todos. Era comerciante y muy querido. Su mamá Reina, es activa, organizada, fuerte, luchadora y muy generosa; siempre pone a los demás primero y es una mujer llena de vida. Mi mamá creció junto a su hermana Tania, a quien también le dicen Malini o Nini. 

 

 

Durante su infancia vivió en un apartamento al lado de sus abuelos y luego se mudó a una casa grande de dos pisos en el barrio La Flora, donde vivió hasta los 21 años y donde yo misma pasé muchos de mis años visitando a mis abuelos.  Allí Claudia creció junto a su hermana. Cuenta que aunque tenían cuartos separados, prefirieron dormir juntas por años. 

Mi mamá recuerda que Tania tocaba muy lindo el piano y que la casa siempre estaba llena de música con sus melodías. Se querían mucho, aunque también peleaban como hermanas normales, pero siempre estaban juntas.

Esa casa siempre estaba llena de animales porque a su abuela Romelia, quien vivía con ella, le encantaba tener gallinas, tortugas, conejos, gatos y perros.

 

 

 

 

 

 

 

 

El barrio era súper tranquilo y lleno de niños; a mi mamá le gustaba recoger las semillas rojas que caían de los árboles en sus caminatas de las tardes en el parque y también salir a montar en bicicleta con sus amigos del colegio que vivían cerca. Recuerda con nostalgia como sus perros ladraban al oír a la señora de los “¡Aguacates!” pasar por el barrio. Le encantaba cuando sus papás llegaban del trabajo y se sentaban a revisar sus tareas con ella.

En su casa se vivían valores muy importantes como el respeto a los mayores, ayudar a los demás, ser correctos, amar a los animales y agradecer por lo que se tiene. También valoraban profundamente las tradiciones judías. A mi mamá le encantaba aprender a cocinar con su “Oma” o abuela, que le enseñaba recetas europeas. No olvida la torta de mantequilla con café o los Zwetschkeknödel o bolas de ciruela que preparaban juntas. Para ella, cocinar juntas era una forma de conectarse con sus raices y tratar de extraer algo de su pasado. Claudia dice, que vivió el dolor de la Shoá,  escuchando las historias de migración y sufrimiento de sus abuelos, que hablaban español con acento europeo. Eso la marcó muchísimo y siempre sintió un deseo profundo de aprender sobre su historia familiar e incluso un poco de alemán, idioma que hasta el día de hoy le llama la atención.

 

 

 

 

Estudió desde pre-kinder hasta su graduación en el Colegio Hebreo Jorge Isaacs de Cali. Era una estudiante dedicada, perfeccionista y siempre sacaba buenas notas. La profesora que más la marcó fue Victoria Bromet, su maestra de artes plásticas, a quien admiraba por su profesionalismo y talento. Siempre tuvo un grupo de amigas muy cercano formado por Carolina, Vanessa y Martha, quienes siguen siendo parte de su vida y a quienes vemos cuando viajamos a Colombia. Incluso ahora yo soy amiga de sus hijos.

 

En su tiempo libre le gustaba nadar y hacer atletismo, deportes que practicó en varias Macabeadas y ganó varias medallas.

 

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Su pasantía universitaria la hizo en una empresa de calzado de don Moisés Bacal, un señor de la comunidad judía de Cali y luego trabajó por siete años en mercadeo, ventas y educación, en Johnson & Johnson Medical Devices and Diagnostics Group. Ahí  aprendió de cardiología, cirugía de columna, esterilización quirúrgica y cuidado de heridas. Viajó a capacitaciones y congresos en Boston, Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, México y más. Era un trabajo de mucha responsabilidad y aprendió muchísimo, especialmente gracias a su jefe Gustavo, quien le enseñó el valor de aprender a escuchar a los demás. Después se trasladó a Bogotá para continuar con su carrera y ahí vivió con una compañera, de religión católica muy creyente llamada Sandra, de quien aprendió que a pesar de tener creencias diferentes, lo que nos une como seres humanos es lo que tenemos en común. Se volvieron grandes amigas.

Mi mamá conoció a mi papá gracias a una amiga en común que los presentó o como decimos, les hizo “Shidaj” por teléfono mientras ella estaba de vacaciones en Costa Rica, donde vivía su hermana Tania. Al poco tiempo empezaron a salir, se enamoraron y se casaron el 22 de noviembre de 2009 en Miami. Su boda fue hermosa, con una pequeña jupá cubierta de hiedra, una orquesta muy animada, un queque precioso y lo más importante, la familia celebrando con ellos. En 2011 nací yo y mi mamá sintió la felicidad más grande de su vida. Después nació mi hermano Billy el 9 de febrero del 2013 y desde entonces nosotros somos su mayor orgullo. Ella siempre nos enseña a ser correctos, a respetarnos, a valorar a la familia, a esforzarnos en todo y sobre todo a disfrutar de cada momento. Mi mamá es una mamá muy divertida, amorosa, creativa, presente y siempre lista para apoyarnos.

Le sigue gustando el arte, y le encanta trabajar en su tiempo libre haciendo piezas de vidrio en mosaico y vitro fusión. También ha hecho mucho voluntariado. Colaboró con las Damas Hebreas B’nai Brith de Cali, Damas Israelitas y Cadena. En el 2023 se unió a la junta directiva del Museo de la Comunidad Judía de Costa Rica y en enero de 2025 comenzó a trabajar como su directora, donde ha logrado grandes cosas: lidera el proyecto de remodelación del museo, está fortaleciendo el programa educativo, buscando nuevas alianzas con organizaciones nacionales e internacionales y coordinando un equipo que recibe a más de 5000 visitantes al año. Todo lo hace con un profundo sentido de Kavod hacia la cultura judía y siente que a través de su trabajo y educando a las nuevas generaciones, honra la vidas de los más de 6 millones de judios que fueron asesinados en la Shoá. Le gusta encender las velas de Shabat y celebrar Janucá. Aunque ama Colombia, Costa Rica es su hogar porque aquí construyó su familia.

Ha viajado a lugares que la marcaron profundamente, como el campo de concentración Mauthausen en Austria, donde entendió por primera vez la capacidad humana para hacer daño, el Kotel en Israel, que visitó por primera vez a los 15 años, y el glaciar Perito Moreno en Argentina, que describe como el lugar más hermoso que ha visto. El momento más duro de su vida fue la muerte de su abuela Ella, quien era su persona más cercana y quien la marcó profundamente. Recuerda también que el momento que más la impactó, fué cuando fué al cine con su papá a ver por primera vez la película “La lista de Schindler”. Mi mamá no podía creer cómo un hombre tan risueño y feliz como él, se desmoronaba a su lado y tomaba su mano en llanto, como nunca antes lo había visto. Mi  mamá entiende que momentos tristes como ese también hacen parte de la vida, y por eso siempre trata de compartir alegrías conmigo.

En octubre de 2025 tuvimos un viaje de “girls trip”, fuimos al concierto de Shakira en Cali, donde salió el Grupo Niche como sorpresa y luego fuimos al cine y la pasamos increíble.

 

 

Mi mamá  dice que una buena vida significa aprovechar cada segundo, ayudar a los demás, ser agradecida, ser fuerte y vivir con Kavod hacia la familia, la historia y uno mismo. Está orgullosa de la familia que construyó, no cambiaría nada de lo que ha vivido y su mayor deseo es que mi hermano y yo seamos felices, fuertes, saludables y capaces de superar cualquier obstáculo que nos ponga la vida. Dice que quiere ser recordada como una mujer amorosa, divertida, colaboradora, entregada, capaz, trabajadora y llena de Kavod hacia su familia y su comunidad.  Como una mamá y esposa que siempre dio lo mejor de sí.

Mi mamá vive con kavod en todo lo que hace: en su trabajo, en su familia y en la forma en que nos enseña a vivir. Para mí es un ejemplo de fuerza, amor y compromiso con nuestras raíces. 

 

Kol Hakavod, mami, por todo lo que eres y por todo lo que nos das cada día. Por enseñarnos a vivir con respeto, a valorar nuestras raíces y a esforzarnos siempre. Tu forma de vivir, de cuidar a los demás y de amar a tu familia es un ejemplo que llevamos con nosotros todos los días.

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Claudia en las Macabeadas

Claudia con sus abuelos

Claudia con sus papás y abuelos

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Claudia con su abuela Ella Z''L

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Claudia con su abuela Romelia Z''L

Claudia modelando ropa

Claudia en su graduación

Página de anuario de Claudia

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Claudia con su hermana Tania

Claudia con su esposo Luis

Claudia con su esposo Luis

Claudia con Luis, Billy y yo

Claudia con su esposo Luis en el Perito Moreno

Claudia con Luis, Billy y yo

Claudia con Luis, Billy, yo y su suegra Rosi

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