
BENJAMIN GOLDGEWICHT Z''L Y ANA GOLDBERG Z''L
Mis tatarabuelos fueron Benjamín Goldgewicht Z”L y Ana Goldberg Z”L, a quienes sus nietos y bisnietos llamaban con mucho cariño Pito y Pita. Sus nombres quedaron ligados a una historia de familia, esfuerzo y Kavod, ese honor que se transmite no solo con palabras, sino con decisiones y acciones.
Benjamin nació el 14 de enero de 1891 en Lukow, Polonia. Sus padres fueron Baruj/Beirach Goldgewicht Z”L y Esther Gerecht Z”L. Creció en una familia grande y tuvo siete hermanos: Gershon Goldgewicht Z”L, Aaron Goldgewicht Z”L, Israel Goldgewicht Z”L, Luze Goldgewicht Z”L e Ita Goldgewicht Z”L, y dos medios hermanos, Aaron Majster Z”L y Abraham Majster Z”L. Desde joven aprendió en su pueblo el valor del trabajo y la responsabilidad, cualidades que marcarían toda su vida.
Ana nació el 15 de marzo de 1899, también en Lukow, Polonia. Sus padres fueron Hersh Goldberg Z”L y Sara Sadovski Z”L y tuvo dos hermanos: Shaye Goldberg Z”L y Baruj David Goldberg Z”L. Era una mujer de carácter fuerte, firme en sus ideas y muy apegada a su hogar y a sus tradiciones.
Ambos crecieron en familias judías muy unidas. Las tradiciones y valores del judaísmo se aprendían principalmente en casa, mientras que en la escuela del pueblo adquirían conocimientos básicos como leer y escribir. Desde pequeños, el Kavod, el respeto por la familia, las tradiciones y la comunidad, fueron la base fundamental de sus vidas.
Se conocieron en Polonia, allí se casaron y formaron su familia. Tuvieron tres hijos: Esther (Esther Mindl) Goldgewicht Z”L, Raquel (Ruchel) Goldgewicht Z”L y Enrique (Aron Hersch) Goldgewicht Z”L. Ana era muy estricta con la kashrut, por lo que su hogar siempre fue completamente kosher. Benjamin, por su parte, era un zapatero muy reconocido en la zona y tenía su propia zapatería, mientras Ana se dedicaba principalmente a la casa y a la crianza de sus hijos, como era común en esa época.
Con el paso de los años, el antisemitismo en Europa se volvió cada vez más fuerte y el miedo era constante. Durante festividades como Pesaj, la familia prefería quedarse encerrada en casa, ya que existía un ambiente de hostilidad hacia los judíos.
Benjamin llevaba tiempo pensando en emigrar de Polonia y sentía que quedarse en Europa ponía en riesgo el futuro de su familia. Ana no quería irse, su carácter fuerte y su apego a su vida judía en Polonia la hacían resistirse a la idea de emigrar. Aun así, Benjamin tomó la difícil decisión de irse, a escondidas y sin contar completamente con el consentimiento de su esposa, impulsado la responsabilidad de proteger a su familia y buscar un lugar más seguro.
Su travesía comenzó el 24 de enero de 1930 cuando visaron su pasaporte en el consulado de Costa Rica en Hamburgo, Alemania y el 21 de febrero de ese mismo año, Benjamin desembarcó solo, del vapor Magdalena en Puerto Limón.
No conocía el idioma y tuvo que empezar desde cero. Trabajó durante varios años en lo que pudo, aprendió español y ahorró con enorme sacrificio, con un solo objetivo: reunir nuevamente a su familia.
Ana y sus hijos emprendieron el viaje para reunirse con él. Su primera parada fue el 2 de octubre de 1931 en Hamburgo, Alemania, donde debían realizar trámites en el consulado de Costa Rica y se les otorgó el permiso de entrada al país . Luego viajaron al puerto de Ámsterdam, desde donde abordaron el vapor Magdalena, que tenía como destinos Curazao y Puerto Limón, Allí desembarcaron el 3 de noviembre de 1931 y finalmente la familia volvió a reunirse.
Al llegar, todos aprendieron español y Benjamin comenzó a trabajar como klapper o polaquero, logrando mantener a su familia con esfuerzo y dignidad. Más adelante se trasladaron a Turrialba, donde tuvieron una casa y una tienda pequeña donde Benjamín vendía zapatos, ropa y sombreros, y Pita cocinaba para emigrantes europeos. Ese lugar quedó muy presente en la memoria familiar.
Ana era una excelente cocinera y era especialmente conocida por sus galletas de naranja, que se convirtieron en las favoritas de todos sus nietos. En su casa siempre había comida rica y unión familiar.
Mi papá recuerda con mucha claridad el día en que falleció Ana Goldberg Z”L, en 1972. Él se encontraba con su familia en Playas del Coco. Muy temprano en la mañana llegó un mensajero con una carta avisando la muerte de Pita. Sus padres aún dormían y fueron él y su hermano quienes tuvieron que entregarle la carta a sus papás, un momento muy duro que quedó marcado para siempre.
Dos años después, en 1974, falleció Benjamin Goldgewicht Z”L. Era una mañana tranquila y la familia se estaba alistando para ir a la finca de tía Sarita, la hermana de mi abuela, donde había piscina y mi papá solía divertirse mucho. Mientras se preparaban para salir, llegó una llamada dirigida a mi abuela, con la noticia del fallecimiento de Pito. Ese día no fueron a la finca, los planes se detuvieron por completo.
Recuerdos como estos, que marcaron las vidas de Pito y Pita, hicieron posible que yo pueda contar hoy esta historia.
Kol Hakavod por su valentía, por tener la capacidad de rehacer sus vidas, por su trabajo incansable y por el legado de amor, unión y valores que dejaron en muchas generaciones. Su historia sigue viva en todos sus descendientes.








