
DORA ROSENSTEIN Z''L
El 2 de septiembre de 1912, en Wyszków, Polonia, nació Dora Rosenstein Z’’L, a quien su familia también llamaba con cariño Disnush o Dina, de quien llevo mi nombre en hebreo. Nadie imaginaba entonces todo lo que iba a vivir y lo fuerte que tendría que ser. Wyszków era un pueblo de aproximadamente 9000 habitantes y lo más especial era que casi la mitad eran judíos. Muchos se dedicaban al comercio de la madera, como lo hacía su papá. Allí en medio de una comunidad judía activa pero también rodeada de antisemitismo, comenzó la vida de quien después sería recordada con valentía, liderazgo, un gran corazón y sobre todo mucho kavod.
Su nombre era Dina, aunque no se sabe exactamente por qué se lo pusieron. Probablemente fue en honor a un antepasada que también se llamaba así y la familia quiso honrarla. Sus padres eran Abraham Jaim Rosenstein Z’’L, que trabajaba en el negocio de la madera y Chana Rzepka Z’’L, que se dedicaba con amor y entrega a cuidar la casa y a los hijos. En cuanto a la economía, la familia no era rica, pero tampoco pasaba hambre. Tenían lo suficiente para vivir bien.
Desde pequeña, Dora demostró ser una persona con liderazgo natural. Aunque no se sabe mucho sobre la vida diaria en su casa, hay un dicho que dice: “la manzana no cae lejos del árbol”. Y así fue, varios de sus hermanos también tenían ese carácter fuerte y responsable, algo que seguramente heredaron de sus padres. Ese carácter era, una expresión de kavod hacia la educación que habían recibido en casa.
Dora estudió en una yeshivá, donde se destacó como alumna sobresaliente. Era muy aplicada y aprendía rápido. Además, en su juventud formó parte del movimiento deportivo Macabi, donde practicaba atletismo y remo en el río Vístula. Esa pasión por el deporte la hacía muy activa y querida entre sus amigas y representaba de manera enérgica la alegría que tenía por la vida.
Dora en el Macabi
Pero también vivió momentos muy duros. A mediados de los años 1920´s, cuando tenía unos 14 o 15 años, sufrió en carne propia el antisemitismo. Una tarde ella y sus amigas fueron perseguidas por matones en las calles de Wyszków. Se refugiaron en una sinagoga, pero los agresores entraron. Tuvieron que huir al parque y al final lograron esconderse detrás de la pared de la casa del rabino. Este momento marcó su adolescencia y aunque le enseñó que ser judía en esos tiempos era vivir con miedo, también le dio la fuerza de nunca avergonzarse de su identidad y de vivir con kavod hacia su pueblo y nunca avergonzarse de sí misma.
En su época de juventud, más que soñar con profesiones o lujos, la meta era sobrevivir. Y sobrevivir, para Dora, significaba también mantener la alegría incluso en medio de los obstáculos.
Dora conoció a Luis Fajncajg Z”L en la juventud y construyeron una amistad en las actividades de Macabi en Polonia. Nunca tuvieron un noviazgo formal, pero cuando Luis decidió emigrar a Costa Rica, fue a despedirse de la familia de Dora y allí pidió permiso para comprometerse con ella. Ese gesto de respeto fue un acto de profundo kavod: hacia Dora, hacia sus padres y hacia la tradición.
Luis había ahorrado dinero por dos años para que Dora pudiera viajar a Costa Rica, lo que permitió que ella desembarcara del vapor “Orinoco”, el 24 de diciembre de 1930 en Puerto Limón. Como era costumbre, la boda estaba planeada para el siguiente día, pero como la tradición decía que la pareja no podía verse en las últimas 24 horas, algunos jóvenes de la comunidad la recogieron y la llevaron a Cartago, donde finalmente se encontraron y casaron en la casa de don José Zonzinski Z”L, probablemente bajo la jupá con el rabino Herman Mermelstein Z”L. Fue el inicio de una nueva vida y todo se hizo bajo la tradición judía, como sus padres lo habían querido.
Junto a Luis tuvo tres hijos: Willy, nacido el 22 de noviembre de 1931, siendo el primero o segundo niño judío nacido y circuncidado en Costa Rica desde la creación de la Asociación Centro Israelita; después nació Ruthy el 28 de marzo de 1937, y finalmente Jaime, nacido el 2 de septiembre de 1943, el mismo día del cumpleaños de Dora. Ella transmitió a sus hijos los valores de la alegría y el liderazgo, de la fuerza y el compromiso hacia la comunidad. Como madre fue estricta pero amorosa y siempre buscó que sus hijos crecieran con carácter y responsabilidad. Su manera especial de criarlos fue su mayor enseñanza y legado de kavod hacia la familia y las futuras generaciones.
Dora encontró pasión en el teatro. Cuando llegó a Costa Rica, empezó a actuar y se metió a grupos de teatro en yiddish, convirtiéndose en una gran actriz. Incluso fue protagonista en dos obras, una de ellas presentada en el Cine Adela, llamada “Die Mechigene Tzidrl” que traduce: “La loca Tzidrl”. Su dedicación al teatro era una forma de dar kavod a la lengua y a la cultura que traía de Wyszkow, que mantuvo viva a través del arte.
Dora junto al elenco de la obra Shlamke Rikl
Cuando su esposo se enfermó y no estaba en estado para trabajar, Dora tomó el negocio de polaquera o vendedora ambulante a crédito. No lo hacía por gusto, sino porque debía sacar adelante a su familia, especialmente a su hijo menor Jaime. Lo enfrentó con esfuerzo y valentía y asumió una gran responsabilidad en su rol de madre, haciendo duros sacrificios para que a los suyos nunca les faltara lo necesario.
Sin embargo esto no la detuvo y nunca dejó de ser activa en la comunidad. Fue presidenta de WIZO y también participó en comités de padres de colegios y otras organizaciones. Tenía un talento natural para dirigir y la gente confiaba en ella porque veían en sus acciones un profundo ejemplo de liderazgo.
Dora también era conocida por su deliciosa cocina. Preparaba kishke, consomé, huevos hervidos y muchas recetas de la tradición judía polaca. Sus mesas festivas eran increíbles, llenas de amor y comida, porque para ella la comida era una forma de unir a la familia.
Aunque nunca quiso volver a Polonia porque le guardaba rencor por el antisemitismo, de mayor viajó con la Marcha de la Vida a Israel. Allí sintió una mezcla de dolor y orgullo, dolor por la tragedia que vivieron los judíos de Europa, pero orgullo y kavod por haber sobrevivido, levantado una familia y construido una vida lejos de su tierra natal.
Dora fumó mucho durante toda su vida y eso le causó problemas pulmonares. Además, en sus últimos 20 años sufrió de diabetes, lo que obligó a que lamentablemente le amputaran un pie. A pesar de esas dificultades de salud, siempre mantuvo su carácter fuerte. Finalmente, en 1990 falleció a causa de la diabetes y todos los problemas acumulados.
Buba Dora dejó un legado enorme: fue madre, abuela y líder. Inspiró a sus hijos y nietos a ser responsables y a ayudar a la comunidad. Fue ejemplo de resiliencia, de cómo una persona puede pasar por duras pruebas y aún así sacar adelante a su familia y ser feliz al mismo tiempo. Su vida entera fue un ejemplo de kavod, honrando a traves de sus acciones a sus padres y hermanos que fueron asesinados en la Shoá, hacia las bases de la comunidad judía que ayudó a construir en Costa Rica, hacia las tradiciones de su pueblo judío y hacia las generaciones que vinieron después de ella.
Ella creía que haber vivido “una buena vida” significaba ver a su familia crecer, unida y fuerte, incluso después de tantos obstáculos. Y su consejo para las futuras generaciones fue claro: que sean líderes, que vivan con kavod, que ayuden a la comunidad y que nunca olviden sus raíces.
Kol haKavod Dina/Dora, hoy llevo con orgullo tu nombre!






Indice General Alfabético de Ciudadanos Polacos de la Comisión Investigadora del Congreso de Costa Rica
Dora Z''L y Luis Z''L
Willy Z''L, Ruth Z''L, y Jaime, los hijos de Dora Z''L
Dora junto al elenco de la obra Shlamke Rikl
GALERIA DE FOTOS DE DORA ROSENSTEIN Z''L

Dora Z''L y su esposo Luis Z''L (pareja del lado izquierdo


Dora con su nuera Rosi en su boda


Dora Z''L


Dora Z''L junto a su nieta Debbie (mi tía)


Dora Z''L junto a mi papa Luis
(su nieto) y su consuegra Esther Goldgewicht Z''L