top of page
b5f156a583c3bdfc286b45c44d3f51e4.jpg

ELLA DEUTSCH Z''L

Ella Deutsch Z’’L, o como nosotros le decimos con cariño Oma Ella (que significa abuela en alemán), nació el 11 de noviembre de 1924 en un pueblito pequeño que se llama Kleinwarasdorf, en Burgenland, Austria. Ese lugar estaba cerca a la frontera con Hungría y en los años 20 y 30 era un pueblo rural, católico y de habla croata. Aunque estaba en Austria, ahí vivían comunidades croatas desde hacía siglos. Lo más impresionante es que la familia de Ella era la única judía de todo el pueblo, lo que hacía que ser diferentes se sintiera todavía más fuerte. Desde su nacimiento, la vida de Oma Ella fue una prueba de resistencia y de kavod, porque crecer como la única niña judía en ese entorno requería mucha valentía.

 

Aunque todo el mundo le dijo siempre Ella, su nombre era Gabriella. Su apellido Deutsch significa “alemán” en alemán, y fue un apellido que muchas familias judías tuvieron que adoptar en los siglos 17 y 18 cuando los gobiernos obligaron a los judíos a registrarse con un apellido fijo. Era como decir “el alemán” o “de Alemania”. Detrás de ese apellido también se escondía una historia de identidad y de kavod, por que a pesar de las obligaciones, la familia nunca dejó de sentirse orgullosa de ser judía.

 

Sus papás fueron Julius Deutsch Z’’L y Helena Müller Z’’L. El papá de Ella era muy ortodoxo y siempre cuidó que su familia cumpliera con las leyes del judaísmo y de Kashrut. Los dos trabajaban muy duro en un negocio familiar, una tiendita de artículos para el hogar, como un pequeño supermercado del pueblo. Eran humildes, la situación era difícil, pero siempre lucharon para poder vivir con dignidad. Esa lucha era también un acto de kavod, porque con esfuerzo y honestidad mantenían la tradición judía en un lugar donde eran completamente diferentes.

 

Ella tuvo una hermana llamada Irene Z’’L, que era menor que ella. Desde pequeña, Oma Ella sintió que tenía que cuidarla, sobre todo cuando sus papás trabajaban.

 

La casa donde creció estaba en la dirección Hauptstraße 23, Kleinwarasdorf, justo al frente de un bosque, al pie de unas colinas. En esa misma casa funcionaba la tienda de sus papás, entonces era como vivir y trabajar en el mismo lugar. Esa casa ya no existe porque fue derribada, y en los años 80 hicieron otra nueva en el mismo sitio.

 

Ella recordaba cosas muy especiales de su infancia. Por ejemplo, con su mamá hacían almohadas y cobijas con plumas de ganso que ellas mismas desplumaban todos los años. También se acordaba mucho del olor a Schmaltz, que es grasa de ganso derretida. Con eso cocinaban porque era barato y se podía usar como aceite o manteca. Desde muy niña, Oma Ella aprendió a cocinar con esos ingredientes sencillos. Decía que con los huesos del ganso hacían una gelatina salada donde le ponían papa y pescado cuando se podía. Esas recetas tan simples, pero llenas de ingenio, quedaron en su familia por muchos años y se transmitieron como una tradición de kavod, donde el honor estaba en no desperdiciar nada y valorar cada recurso.

 

Como no había sinagoga en su pueblo, para las fiestas judías más importantes su familia viajaba hasta Eisenstadt, que quedaba a unas tres horas en carreta. La sinagoga de Eisenstadt, tristemente fue incendiada y destruida durante la Noche de los Cristales Rotos, representaba para ellos el lugar donde podían vivir su fe con el orgullo de ser judios y sentirse parte de algo más grande.

 

De chiquita había estudiado primero en su pueblo hasta tercer grado, luego la mandaron a Eisenstadt a vivir con unos tíos. En esa casa todo era lujoso para ella, con camas de bronce, cubrelechos y cortinas del mismo color. Después, cuando ya era más grande, se fue a estudiar a Viena, en casa de otros tíos que eran mucho más humildes. Pasó cuatro años ahí, hasta que Hitler llegó al poder.

 

Oma Ella no olvidaba un momento muy doloroso: un profesor en Viena repartió paquetes de útiles escolares a todos los estudiantes menos a ella. Cuando preguntó por qué, el profesor le dijo que su mamá tenía que comprarlos porque “usted es judía”. Ella no entendía qué pasaba, incluso llegó a pensar que tal vez tenía una enfermedad que hacía que la despreciaran. Ese momento fue humillante, pero Ella lo enfrentó con kavod, guardando en su memoria la importancia de nunca tratar a otro ser humano con desprecio.

 

Cuando estaba por graduarse de octavo, su mamá le pidió que regresara al pueblo porque el antisemitismo ya era insoportable, pero Ella insistió en terminar. Se graduó y volvió a Kleinwarasdorf. Para ese momento, los nazis ya les habían robado toda la tienda familiar, el negocio en el que habían trabajado tan duro por años, ya no existía. Dos días después de llegar, la policía nazi entró a su casa: obligaron a su papá a abrir la caja fuerte y se llevaron la poca plata que les quedaba, además del reloj de bolsillo de su padre. Ese reloj era muy especial porque tenía una cadenita con un medallón donde estaba la foto de Hugo, el hermano de su papá que había muerto en la Primera Guerra Mundial luchando orgullosamente por Alemania. En el medallón estaba grabada la fecha 11/11/1914, el día de su muerte, exactamente diez años antes del nacimiento de Ella. Por eso el reloj era un símbolo de memoria, dolor y kavod, porque representaba la honra a un hermano perdido y una gran felicidad para Ella por haber nacido ese día tan importante.

 

En medio de todo, los nazis le dieron varias cachetadas a su papá, y Ella en sus propias palabras dijo: “Eso me dolió más que si me lo hubieran hecho a mí, no me hubiera importado”. Después se lo llevaron preso a la cárcel de Oberpullendorf, que era un pueblo más grande, con médicos, notaría y varios servicios que en Kleinwarasdorf no existían. Allí estuvo detenido durante tres semanas, mientras su mamá lo visitaba cada dos días tratando de liberarlo. Al final, le dijeron que lo dejarían salir, pero que la familia tenía 48 horas para abandonar el pueblo y nunca volver. Si regresaban, los cuatro serían encarcelados. La valentía con la que vivieron esa humillación fue un ejemplo de kavod que ella nunca olvidó.

 

La vida de Oma Ella cambió totalmente cuando Alemania invadió Austria en 1938. La familia tuvo que dejar su negocio y sus pertenencias casi de un día para otro. Los nazis los amenazaban y era claro que si no huían serían asesinados. Se fueron a Viena, donde alquilaron un cuarto en la casa de una familia de un Hazan que les permitió también usar la cocina para seguir comiendo kosher. Ella contaba que esa época fue durísima, porque habían perdido todo. Con apenas unas maletas, se fueron definitivamente a Viena y después lograron escapar en barco rumbo a Bolivia.

 

Como anécdota, Ella contaba que entre toda su familia, con primos y tíos, y con el poco dinero que tenían, compraron un diamante, para poder regalarselo a un funcionario de la embajada de bolivia en Viena, y así obtener visas y poder escapar en el barco SS Colombo, camino a América, Ella se auto enseñó español de un libro. Fue ahí también donde la familia tomó la durísima decisión de dejar de ser kosher para poder sobrevivir en el nuevo continente. Antes de llegar a bolivia llegó a Buenaventura, Colombia. Una de las cosas que más le impactó fue ver por primera vez en su vida a una persona afrodescendiente, porque en Europa ella nunca había visto a nadie con ese color de piel. Desde ahí comenzaron su viaje por tierra hasta Bolivia, el único país que les dio la visa para llegar.

 

En Cochabamba, Bolivia fueron recibidos por un comité de judios que se encargaban de ayudar a los recién llegados, durante unas semanas se hospedaron en una casa de judios. Cuando fueron capaces, los padres de Ella alquilaron una panadería dónde trabajaban juntos preparando pan desde la madrugada y repartiéndolo en diferentes casas, Ella no tuvo la oportunidad de asistir al colegio en Bolivia. Más tarde, a los 17 años conoció a Fernando Silbermann, un inmigrante judío bastante mayor que ella, dueño de una sastrería. Se casaron en una ceremonia sencilla a la que asistieron su mamá, su hermana y algunos amigos, ya que su padre había muerto debido a una neumonía causada por los cambios de temperatura entre el frío de Cochabamba y la panadería. Con Fernando tuvo a sus dos hijos: Vera y Raúl (mi abuelo).

 

La situación en Bolivia no era muy buena económicamente, así que en 1953 decidieron mudarse a Colombia después de haber analizado la opción de ir a Brasil o Venezuela, finalmente se decidieron por Cali, Colombia, donde primero alquilaron una panadería llamada Gerleyn. Después de 13 años, la vendieron porque el trabajo era agotador y casi no podían ver a sus hijos. Intentaron vender cristalería y no funcionó, pero luego empezaron a vender lámparas y ese negocio sí prosperó, quedándose con él . Ese cambio también fue un acto de kavod, porque significó escoger lo que mejor aseguraba el bienestar de la familia.

 

Ella siempre fue una lectora incansable y muy buena con los números. Probablemente, si la guerra no hubiera cambiado todo, habría ido a la universidad en Europa y estudiado algo relacionado con matemáticas o negocios. Era muy inteligente y nada le daba miedo.

 

Como madre y abuela, fue el centro de la familia. Oma Ella transmitió los valores judíos a través de las tradiciones y siempre enseñó a trabajar duro, ahorrar, estudiar y sentirse orgulloso de quién uno es. Para sus hijos, nietos y bisnietos fue una guía, alguien que con decisiones acertadas y esfuerzo levantó todo desde cero en un continente nuevo. Ese fue su mayor legado de kavod: honrar sus raíces y al mismo tiempo abrir puertas para el futuro.

 

Ella vivió muchos años en la casa de su hijo después que se murió su esposo en el 2001 en Cali, Colombia. Ella murió el 15 de noviembre de 2019, a los 95 años, después de luchar contra un linfoma. Sus últimos días fueron muy difíciles porque sufrió un derrame que le quitó la capacidad de hablar. Aun así, estuvo acompañada por sus hijos y por su nieta Claudia, a quien siempre llevó cerca en el corazón.

 

Está enterrada en el cementerio judío de Cali. En su funeral y en la shive, su familia la recordó como lo que siempre fue: una mujer fuerte, valiente, lúcida y capaz de luchar hasta el último segundo de su vida, una mujer de kavod.

 

Su legado son 2 hijos, 5 nietos y 6 bisnietos, además de una historia de vida que enseña a nunca rendirse. Ella quería ser recordada como una mujer independiente y orgullosa de su identidad, y así es como la recuerdan todos hoy.

 

Su consejo para las nuevas generaciones era que no tengan miedo, que trabajen duro, que estudien, que ahorren y, sobre todo, que estén orgullosos de quiénes son.

 

Ese consejo resume el kavod con el que vivió toda su vida: dignidad, esfuerzo y orgullo de ser quienes somos. 

 

Kol Hakavod a Oma Ella, por una vida de valentía, identidad y honor que sigue guiando a nuestra familia generación tras generación.

CamScanner 20-1-26 18.18_11.JPG
CamScanner 19-1-26 18.01_15.JPG
CamScanner 19-1-26 18.01_14.JPG
Claudia Silbermann_14.JPG
Claudia Silbermann_39.JPG

Ella junto a su esposo Fernando 

Oma Ella junto a su nuera Reina

CamScanner 19-1-26 18.01_12.JPG

Oma Ella celebrando el cumpleaños numero 90 de su esposo junto con mi mama (su nieta)

Oma Ella con mi mamá

Screenshot 2026-01-23 at 11.40.08 AM.png

Oma Ella junto a mi mamá, mi hermano, y yo

Oma Ella y yo

bottom of page