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JACOBO MINTZ Z''L

Jacobo Mintz Z’’L nació el 24 de febrero 1901 en Ostrolenka, Polonia, una ciudad donde vivían 5.000 judíos que conformaban la tercera parte de su población, antes de la Segunda Guerra Mundial. Era un lugar donde las familias judías no tenían grandes riquezas materiales, pero vivían en comunidad, muy cerca unos de otros y la religión ocupaba un papel muy importante en la vida cotidiana.

Sus padres fueron Eliezer Mintz y Roize (Chaja) Zukier. A su madre le decían Roize, pero cuando estuvo muy enferma cambió su nombre a Chaja, que en hebreo significa vida, ya que en la tradición judía se cree que cambiar el nombre puede traer bendición y salud. Por eso, años después, su nieta recibió el nombre Rosa, en su honor.

Jacobo tuvo una sola hermana, Sara Mintz, quien vivía en Varsovia con su esposo, Hersh Gutensztein y sus cuatro hijos. Elllos fueron asesinados entre el 3 y 5 de noviembre de 1943 en el campo de trabajos forzados de Poniatowa durante la Operación “Erntefest”, conocida hasta el momento como el mayor asesinato masivo en la historia del Holocausto, cuando los Nazis dispararon a más de 24,000 judíos en un solo dia. Impresionantemente, ese mismo día  nació su hija Rosa en San José, Costa Rica. Esa coincidencia marcó a toda la familia para siempre: la muerte y la vida entrelazadas en una misma fecha.

La familia Mintz en Ostrolenka no tenía muchos recursos, pero tampoco pasaban hambre. Tenían una vida simple pero digna, como muchas familias judías de su época. Vivían con esfuerzo, fe y mucho estudio. Jacobo fue un niño inteligente y curioso, estudió en una Yeshivá, una escuela religiosa, donde aprendió sobre la Torá, el hebreo y la historia del pueblo judío. Él era serio, dedicado y brillante. Desde joven amaba leer y aprender, algo que mantuvo toda su vida.

La religión fue el centro de su infancia: rezar, celebrar Shabat y seguir las tradiciones familiares eran parte de su día a día. Sin embargo, también vivió tiempos difíciles. Polonia, en esa época, estaba llena de antisemitismo y las familias judías sufrían de mucha discriminación y violencia. Muchos, recibían insultos en las calles y la municipalidad les cobraba impuestos más altos solo por ser judíos. Eso hacía casi imposible mantener un negocio y progresar.

Con el paso de los años, Jacobo decidió emigrar a Costa Rica en busca de una vida mejor. Llegó el 12 de marzo de 1931 en el vapor Galicia, junto con un primo llamado Óscar, pero él lo engañó y le robó el dinero que traía. 

 

 

 

 

 

 

 

Aun así, Jacobo no se rindió. Empezó desde cero, vendiendo cosas pequeñas y trabajando de “polaquero” (vendedor ambulante que iba de casa en casa). Su esfuerzo, inteligencia y constancia fueron admirables.

En Costa Rica conoció a Esther Goldgewicht Z’’L, quien también había llegado desde Polonia. Ella ayudaba en el negocio familiar y tenía un alma fuerte y trabajadora. Su mamá aostumbraba recibir a señores judíos que almorzaban en su casa, así se conocieron y nació una historia de amor que se convirtió en un ejemplo de compañerismo y respeto. Se casaron y juntos abrieron una zapatería llamada “La Joya” en el conocido Mercado Central, siguiendo la tradición de la familia Goldgewicht, que en Polonia tenía una fábrica de zapatos muy reconocida. Jacobo era cauteloso y nunca le gustó tener mucha mercadería en la zapatería, por eso no tenían muchas ventas en ese entonces, sin embargo nunca dudó en encontrar la manera de ayudar a los miembros de la comunidad, con los años siempre escuchamos nuevas historias de cómo le prestó dinero a personas para comprar su casa y nunca permitió poner su nombre en la compra de la propiedad, él decía con la palabra era más que suficiente.

Mientras tanto Jacobo y Esther se levantaban todos los días y trabajaban con kavod para sacar adelante a sus dos hijas, Sara y Rosa que llegaron a completar su familia. Cuenta mi abuela Rosa, que cuando discutían entre ellas,  Sara siempre buscaba el apoyo de Esther y Rosa el de Jacobo, con quien era más apegada.

Mi abuela cuenta que Jacobo tenía la formación para llegar a ser Rabino, sabía mucho de Torá y de judaísmo. Sin embargo, al final de su vida Jacobo no fue tan religioso como lo fue en su infancia, pero nunca perdió su identidad judía. Siempre habló yidish en casa y mantuvo los valores que aprendió en su juventud: la importancia de estudiar, de trabajar con esfuerzo y de cuidar a la familia según nuestros valores. 

Años después del Holocausto, Jacobo vivió uno de los momentos más difíciles y emocionantes de su vida: descubrió que su sobrina, la hija de su hermana Sara, había sobrevivido a la Shoá y vivía en Israel. La buscó y le compró allá un pequeño apartamento para que pudiera vivir una vida digna. Así, en un acto de kavod, pudo honrar la memoria de su hermana.

A Jacobo le gustaba viajar, logró conocer Israel y  Estados Unidos y cada viaje lo marcó profundamente. Admiraba la libertad y las oportunidades que no existían en Europa cuando él era niño.

Siempre fue un hombre serio y reservado, pero con sus nietos, era más cariñoso. Le gustaba enseñarles con paciencia y darles consejos sobre la vida.

Murió en Costa Rica el 28 de enero de 1970, a los 69 años, a causa de un derrame cerebral. Fue enterrado en el cementerio de la comunidad judía, en una ceremonia llena de respeto y cariño. 

Hoy se le recuerda como un hombre de valores, trabajo y familia. Su vida representa el significado de kavod, porque, aunque nació en un pequeño pueblo marcado por la discriminación, logró reconstruir en otro continente una nueva historia, con amor, esfuerzo y fe.

Su legado sigue vivo en cada generación: en el amor por el conocimiento, en la importancia de mantener la identidad judía y en el valor de nunca rendirse, sin importar que tan difícil sea el camino. 

Kol Hakavod Zeide Jacobo, por haber sobrepasado tantos obstáculos y haber podido salir adelante en tu vida.

Indice General Alfabético de Ciudadanos Polacos  de la Comisión Investigadora del Congreso de Costa Rica

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Zeide Jacobo con su yerno Willy

Zeide Jacobo con su esposa Esther y su hija Rosi

Lápida de Zeide Jacobo

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