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COMUNIDAD JUDÍA DE OSTROŁĘNKA, POLONIA

Ostrołęnka era un asentamiento fundado en el siglo XIV, a la orilla del río Narev en 1502. Tras un incendio que en 1563 destruyó sus 334 casas, la ciudad volvió a levantarse y con el tiempo recibió nuevas leyes y privilegios, incluyendo en 1745 un decreto que permitía libertad religiosa tanto para judíos como para cristianos. La presencia judía, que al inicio era mínima, comenzó a crecer: en 1808 había 99 judíos; en 1827, 496, en 1857 ya eran 1.128, y para 1897 en la comunidad habian unos 4.500 judíos.

 

Durante el siglo XIX, los judíos formaron una parte esencial de la economía local: habían panaderos, zapateros, sastres, torneros, tejederos, vidrieros, carpinteros, cerrajeros, carniceros, molineros, comerciantes de madera, vendedores ambulantes y pequeños fabricantes. Incluso trabajaban en la extracción de ámbar, el transporte de leña por el río, la producción de carbón vegetal, jabón, velas y sombreros. 

 

 

Hacia comienzos del siglo XX Ostrołęka tenía más de 6.000 judíos, una Kehilá con rabino, schochets, sociedad funeraria, Talmud Torá, yeshivá, más de 30 cheders de estudio, partidos como los sionistas generales, laboristas, Mizrachi, Agudá y el Bund y movimientos juveniles como Hashomer Hatzair. La ciudad tenía escuelas, ferias anuales, cervecerías, molinos de agua y viento, fábricas de trementina y un gran campamento militar ruso que impulsó aún más la economía judía. Pero en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, Ostrołęka fue destruida casi por completo: los rusos la incendiaron al retirarse y solo quedaron entre ocho y diez casas en pie.

 

 

 

Aun así, bajo la ocupación alemana comenzó la reconstrucción: las tiendas abrieron otra vez, la biblioteca renació, los grupos culturales volvieron a reunirse y se construyó un puente de hierro que dio trabajo a muchos. Ese renacimiento le permitió devolver la vida a un lugar lleno de ruinas. Pero en 1939 llegó la tragedia final: las tropas nazis ocuparon Ostrołęka, atacaron a los judíos, robaron sus casas y los obligaron a huir hacia el sector soviético; muchos fueron asesinados durante la expulsión, otros deportados al interior de la URSS y los que quedaron enfrentaron trabajos forzados, hambre, enfermedades y exterminio. Aun así, judíos valientes de Ostrołęka participaron en la resistencia de los guetos de Vilna y Baranowicze y se unieron a los partisanos en los bosques de Naliboki. En 1939 había unos 4.900 judíos, después de la guerra, casi ninguno volvió. 

 

Recordar a Ostrołęka , sus escuelas, sus sinagogas, sus talleres, sus gremios, sus ferias, sus shtiblaj, su música, sus maestros, su juventud soñando con Eretz Israel, es un acto profundo de Kavod, porque honra a una comunidad que vivió con fuerza, que reconstruyó todo más de una vez y que aun en los momentos más duros quiso seguir siendo fiel a sí misma. 

Hoy, cada historia de Ostrołęka es una forma de decir: Kol HaKavod a quienes resistieron, a quienes dieron, a quienes amaron este shtetl hasta el final, entre ellos, Zeide Jacobo Mintz, mi bisabuelo.

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La comunidad judía de Ostrołękna celebra el 3 de mayo junto con las autoridades municipales: Moshe Margolis (presidente de la comunidad), el rabino Izchak Burstein (rabino de la ciudad) y Leibel Cristal, de Łomża (secretario de la comunidad).

Grupo de trabajadores judíos en una fábrica. Años 1930´s - Ostrolenka Polonia..​

​La gran sala de estudios o “Jeder”, reconstruida después de la Primera Guerra Mundial. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis la convirtieron en un garaje de automóviles.

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