
RAUL SILBERMANN
El 6 de febrero de 1947, en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, nació Raúl René Silbermann. En ese tiempo, Cochabamba era una ciudad pequeña, tranquila y muy linda, donde vivían muchas personas indígenas. Además, se había convertido en una ciudad que recibió a muchísimos inmigrantes judíos que venian huyendo del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, entre ellos sus padres. Ella, su mamá, contaba que cuando Raúl era bebé, una Chola boliviana lo cuidaba y lo llevaba en la espalda, envuelto en una manta, mientras hacía los oficios y que entre las telas se asomaban sus colochos dorados y su sonrisa. Desde sus primeros días, su historia estuvo marcada por la sonrisa que aún lo define y por el Kavod (כבוד) y amor que tiene por la vida simple.
Su nombre, Raúl René, tiene origen francés, ya que en su familia había varios con esos nombres. Por el lado paterno, los apellidos Silbermann Rok venían de Viena, Austria, y por el lado materno, los apellidos Deutsch Müller provenían de un lugar también en Austria. Su historia familiar es una mezcla de caminos, países y mucho esfuerzo, siempre vividos con Kavod.
Sus padres fueron Fernando Silbermann y Gabriella Deutsch Müller, a quien todos llamaban Ella. Ella era una mujer muy inteligente, fuerte y trabajadora. El papá de Raúl, Fernando, había llegado primero a Argentina con su hermano Max y luego se estableció en Bolivia, donde abrió una sastrería llamada Casa Patria. Fernando era carismático, coqueto, con ojos muy lindos y una facilidad especial para decir frases bonitas. Ella, en cambio, era firme, dominante y muy emprendedora. Juntos formaron una familia, basada en el trabajo y el respeto.
Raúl tenía una hermana, Vera. De niños no siempre se llevaban bien, pero se querían. Cuando él tenía seis años y su hermana ocho, la familia se mudó a Cali, Colombia, porque la situación económica en Bolivia era difícil. Así que salieron por tierra hacia Chile, donde tomaron un barco que los llevó al puerto de Buenaventura, cerca de Cali Colombia. Comenzaron una nueva vida desde cero, pero como Raúl era muy pequeño, nunca extrañó Cochabamba y se crió como colombiano. Pronto se integró a la comunidad judía que también comenzaba a crecer.
Al principio, sus padres trabajaban todo el día en la panadería de ellos: salían a las 4 de la mañana y regresaban a las 12 de la noche, lo que evitaba que Raúl pasara mucho tiempo con sus padres. Fueron épocas difíciles. Pero como era costumbre en la época, los hijos iban a ayudar en los negocios de los padres y existe una anécdota muy divertida: Una vez en la panadería Opa Raúl tomó un pan grande redondo, le saco lo de adentro y le metió una grabadora en la que había grabado el mesaje: “Este es el pan que habla”... Cuando la gente pasaba no entendían como era posible que un pan hablara. Ese es el tipo de persona que es mi abuelo. Luego vendieron la panadería y abrieron una tienda de artículos para el hogar, para poder compartir más tiempo con sus hijos.
Raúl recuerda que en Bolivia habían vivido en una casa grande y bonita. En Cali vivieron en un apartamento en el centro de la ciudad, en un cuarto piso, como muchas familias judías de la época, todos cerca unos de otros. Tenían sala, comedor, cocina y cuartos para cada uno, además de una empleada doméstica llamada Chava que querían mucho. Los mejores recuerdos de Raúl eran los olores de la cocina de su abuela materna Oma Helena, que cocinaba sin recetas, “a puro ojo”, pero con un sabor increíble. Era comida de tradición judía ashkenazí, hecha con amor y Kavod, de Austria hacia Colombia.
En su familia, los valores más importantes eran el respeto y la buena conducta. No eran muy religiosos, pero nunca dejaron de cuidar su identidad judía. Raúl, como muchos de su generación, creció viendo a unos padres que habían vivido en carne propia los horrores de la Shoá y esto hacía que comunicarse fuera difícil.
Raúl estudió en el Colegio Hebreo Jorge Isaacs de Cali y era un buen estudiante. Recuerda que hubo un profesor que lo marcó mucho: el señor Kuperman, quien le daba clases privadas de matemáticas. Raúl mejoró tanto que el profesor fue contratado por el colegio y más tarde se convirtió en su director.
Desde pequeño amó el fútbol. Jugaba en la calle con sus amigos, veía partidos por televisión y siguió el deporte toda su vida. En su adolescencia celebró su Bar Mitzvá en una ceremonia sencilla en la sinagoga de la comunidad de Cali, junto a su familia y amigos. Ese momento lo ayudó a entender mejor su identidad y sus responsabilidades como hombre judío.
Su mejor amigo fue Liviu Vaisman, un joven de Rumania con quien compartió muchas experiencias. Le gustaba la música de los años 60 y 70, ir a lo que en esa época se llamaba cine rotativo y se quedaba por horas viendo películas sin salir del cine. En realidad sólo soñaba con tener una vida tranquila.
Al terminar el colegio, intentó estudiar medicina, pero no le gustó. Luego probó ingeniería sanitaria, pero tampoco era lo suyo. Entonces comenzó a trabajar en empresas de ropa, primero en Miami Style, gracias a un amigo de su padre. Después trabajó en la empresa familiar Distribuidora Imperial y con el tiempo, abrió sus propios negocios, entre ellos Crediregalos, uno de sus mayores logros. Todo lo construyó con trabajo honesto y esfuerzo.
Raúl conoció a su esposa Reina Sandoval en Cali y juntos formaron una familia. Tuvieron dos hijas, Claudia y Tania, que han sido las personas más importantes de su vida. Para él, ser padre significó dar cariño y amor. Crió de manera ejemplar a sus hijas y compartieron muchos momentos felices que hoy recuerda entre risas y chistes, porque él es asi, muy gracioso y amoroso.
La vida no siempre fue fácil. Con el procesos de la apertura económica en Colombia, muchas empresas quebraron por la llegada de productos baratos y él tuvo que enfrentar momentos difíciles. Aun así, nunca se rindió y nunca dejó de darle las mejores oportunidades a su familia.
Raúl se siente profundamente conectado a Colombia y dice que es colombiano de corazón, aunque haya nacido en Bolivia. Ama el fútbol, apoya a la selección Colombia y mantiene vivas sus raíces judías, asistiendo a la sinagoga los viernes y apoyando a los soldados israelíes con contribuciones que hace mes a mes.
Los momentos más duros de su vida fueron la pérdida de su sobrino Danny porque le dió cáncer cuando era sólo un niño de cinco años y mucho tiempo después la muerte de sus padres. Estas pérdidas lo marcaron profundamente.
Hoy, como él mismo siempre lo dice, vive cada instante al máximo porque ni el ayer o el mañana existen. por eso Raúl vive en el presente. Está orgulloso de haber criado a dos hijas y de disfrutar a sus nietos. Su mayor deseo es que las futuras generaciones nunca pierdan su identidad judía y que sean buenas personas muy felices.
Él lo resume así: quiere que lo recuerden como un buen hijo, esposo y padre, que además ama a sus mascotas. Para él, una buena vida es vivir sin complicaciones y con sencillez. Una hermosa manera de demostrar Kavod, agradeciendo a D-os y a la vida por tantas bendiciones recibidas.
Kol Hakavod Opa Raúl por enseñarnos el valor en las cosas pequeñas.


GALERIA DE FOTOS DE RAÚL SILBERMANN

Raúl de niño

Raúl con su papá y hermana






Raúl en su Bar Mitzvah
Raúl
Raúl con su esposa Reina
Raúl con su madre Ella Z''L
Raúl con su familia


