
ROSA MINTZ
Mi abuela, Rosa Mintz Goldgewicht, a quien todos llaman Rosi desde que era muy pequeña y como nosotros sus nietos le decimos “Buba”, nació el 3 de noviembre de 1943 en la Clínica Bíblica, en San José, Costa Rica, cuando la ciudad era muy diferente a la que conocemos ahora. Desde el primer día, su vida estuvo marcada por el Kavod: ese honor que se expresa en cómo uno vive una vida llena de valores, en cómo se respeta a los demás y en cómo sostiene con amor lo que más importa.
Su nombre, Rosa, se lo dieron en honor a su abuela paterna, aunque más tarde descubrió que ese no había sido su primer nombre. Aun así, este nombre la acompañó siempre y se volvió parte esencial de quién es. Sus padres, Jacobo Mintz, que en Yidish se llamaba Jankel y Esther, eran inmigrantes fuertes y trabajadores. Jacobo estudió en yeshivot como era costumbre en Europa, pero al llegar a Costa Rica se dedicó a trabajar sin descanso: primero como polaquero y luego en su propia zapatería, La Joya. Esther llegó desde Polonia a los 16 años; empezó a estudiar, pero pronto tuvo que dejar la escuela para trabajar en la tienda de un sastre. Los dos eran personas firmes, decididas, mandonas a veces, pero llenas de entrega. Con su ejemplo le enseñaron a Rosi que el verdadero Kavod se construye todos los días con el trabajo duro, esfuerzo y constancia.
Rosi creció con su hermana mayor, Sara, nacida en 1938. De niñas se querían, se acompañaban y cuando habían peleas, cada una corría a quejarse con un papá distinto: Rosi con Jacobo y Sara con Esther. Hoy, Sara sigue viviendo en Costa Rica, rodeada de hijos, nietos y bisnietos y la relación entre nuestras familias sigue intacta. Esa unión que nunca se rompió es parte del Kavod que heredaron desde su hogar.
Su infancia transcurrió en una casa cerca de la sinagoga antigua, la que todos conocían como “la de la Canada Dry”. Era un hogar lleno de tradiciones: el sonido del piano de su hermana, el olor a cocina polaca y la sopa que aparecía casi todos los días, por eso hoy dice en broma que ya no quiere más sopa. El estudio, el trabajo y encender las candelas de Shabat y otras tradiciones judías eran el centro de la vida familiar. Fue ahí donde mi abuela vivió y entendió que el Kavod hacia las tradiciones es lo que mantiene vivas nuestras raíces.
Estudió en la Escuela Julia Lang, en el famoso Edificio Metálico Rosado y luego en el Colegio de Señoritas, cuando los colegios todavía eran separados por género. Fue una excelente estudiante y su maestra, Ofelia Márquez, quien también contaba cuentos en la radio, se convirtió en una de las figuras más importantes de su infancia, porque le encantaba escucharla cada que podía. En una época sin internet ni televisión, la radio era su ventana al mundo y ese amor por aprender reflejaba el Kavod que siempre le tuvo al conocimiento.
Después de graduarse entró a la Universidad de Costa Rica a estudiar Administración de Empresas, pero después de un año, su vida tomó otro camino: se casó con Willy Feinzaig Z’’L, a quien conocía desde siempre porque la comunidad era pequeña. Su boda fue el 24 de octubre de 1961 en Casa Italia, en un salón elegante lleno de comida deliciosa preparada por las señoras de la comunidad, como se acostumbraba en ese entonces.
Tenía casi 18 años cuando se casó y se mudó con su esposo a Rochester, Minnesota, Estados Unidos, donde él ya hacía su especialidad de Urología en la Clínica Mayo. Rosi no hablaba bien inglés, no sabía manejar una casa y aun así salió adelante: tomó clases de inglés, logró trabajar en la oficina de cobros de la clínica y aprendió a vivir en un mundo muy distinto al que conocía. Todo eso fue una expresión profunda de su Kavod hacia su futura familia y hacia la vida que le ofrecía nuevas oportunidades.
En Rochester nació su primera hija, Debbie, en 1964.
Poco después volvieron a Costa Rica, en donde nacieron Eli, en 1965, Luis en 1969 y Ionit en 1972. Cada uno de esos nacimientos fue una alegría inmensa para mi abuela. A sus hijos les inculcó siempre los valores más importantes que ella conocía: estudiar con dedicación, trabajar fuertemente, ser judíos firmes y honrados y ser buenas personas. Para ella, poder darle educación a sus hijos era una manera de darle kavod a todos los que no tuvieron esa oportunidad en su familia.
Viajó varias veces a Israel y la primera vez que estuvo frente al Kotel fue una experiencia que la marcó para siempre. También descubrió con dolor la historia de su familia en el Holocausto: la familia de su papá, incluyendo a una hermana de Jacobo su padre, fue asesinada el mismo día en que ella nació. Ese descubrimiento, doloroso y sagrado, reafirmó su compromiso con la memoria, la identidad y el Kavod hacia quienes ya no están.
Mi abuela hasta el día de hoy es muy trabajadora, se levanta todos los días para ir al parqueo que tiene en el centro de San José y revisar las cuentas del día anterior. Ella es el corazón de la familia: comienza a trabajar desde cada miércoles, para recibirnos con una deliciosa cena de Shabat todos los viernes en la noche, prepara su tradicional queque de chocolate de cumpleaños y las galletas biscotti que toda la familia ama y en secreto saca del congelador. Los “Tzimmes” y “Farfel” de Rosh Hashaná y el delicioso desayuno que prepara para romper Pesaj son para ella una manera de mantener viva la tradición y de demostrar Kavod hacia quienes ama.
Rosi también es una mujer elegante, vanidosa en el mejor sentido y yo heredé eso de ella. Le gusta verse siempre bien: tener las uñas perfectas, el pelo arreglado y la ropa bonita. Le encanta ir de compras a Miami y tomar café con sus amigas. Su estilo vibrante y elegante ilumina cualquier espacio, recordándonos que el Kavod también está en cuidarse a uno mismo por dentro y por fuera.
Uno de los momentos más duros de su vida fue la muerte de su esposo, Willy Z’’L. Aunque fue un golpe muy profundo, encontró la fuerza para seguir adelante por su familia. Hoy, con cuatro hijos, diez nietos —Yair, Ronit, Yoav, Ayelet, Ariela, Hilly, Oryn, Nir, Maya y Billy— y siete bisnietos — Naomi, Sammy, Kai, Ari, Nala, Zohi, y uno más por venir, su mayor orgullo es la familia. Para ella lo más importante es que sigamos unidos, que mantengamos nuestras tradiciones y que nunca olvidemos de dónde venimos. Ese es su legado: enseñarnos cada día que el Kavod se construye con amor, unidad familiar y memoria. Kol HaKavod, Buba, por todo lo que has construido.Eres un puente vital entre generaciones y un recordatorio vivo de que nuestras raíces siguen brillando.
Kol Hakavod a mi Buba Rosi, por una vida vivida con valores, trabajo y amor profundo por su familia. Kol Hakavod por sostener nuestras tradiciones, por unir generaciones alrededor de una mesa y por enseñarnos que el verdadero kavod está en la memoria, la constancia y la familia unida. Todo lo que somos hoy también viene de ti.




GALERIA DE FOTOS DE ROSA MINTZ



Rosi con sus papás, hermana, y su cuñado
Rosi



Rosi en su luna de miel en Holanda


Rosi con su esposo Willy Z''L

Rosi con su esposo Willy Z''L e hija
Debbie
Rosi en su luna de miel en Paris



Rosi con su esposo Willy Z''L e hijos Debbie, Eli, y Luis

Rosi con su hijo Luis

Rosi con sus hijos Debbie y Eli

Rosi con su esposo Willy Z''L


Rosi con su esposo Willy Z''L


Rosi con su esposo Willy Z''L
Rosi con su nieto Yoav
Rosi con su nieta Ronit
Rosi con mi hermano y yo




