
COMUNIDAD JUDÍA DE VIENA, AUSTRIA
La historia judía de Viena es una de las más complejas de Europa. Empieza hace más de mil años, cuando ya habían familias judías viviendo y comerciando cerca del río Danubio, mucho antes de que Viena fuera la gran capital que conocemos ahora. Desde entonces, la vida judía en la ciudad atravesó momentos de crecimiento, cultura y creatividad, pero también etapas durísimas de persecución, expulsión y violencia.
En la Edad Media, la comunidad judía vienesa creció en torno a un barrio propio, con sinagogas, un cementerio y estudios donde enseñaban algunos de los rabinos más importantes de Europa, como Itzhak Or Zarua. Sin embargo, la vida no era estable: cada cierto tiempo, impuestos especiales, rumores antisemitas o decisiones políticas los obligaban a abandonar sus casas. En 1421 ocurrió uno de los momentos más trágicos, conocido como la Wiener Geserah o “el decreto de Viena” que fue una serie de persecuciones y expulsiones contra los judíos de Viena en el siglo XV, provocando la confiscación de bienes, prohibición de residencia, arrestos, torturas y ejecuciones. Esto generó la dispersión de muchas familias hacia otras regiones de Europa Central y Oriental. Fue un golpe enorme, pero aun así, con el tiempo, los judíos regresaron y reconstruyeron su vida, mostrando una resiliencia que es puro Kavod hacia sus tradiciones.
Con los siglos, la comunidad volvió a crecer, especialmente cuando los Habsburgo reconocieron el valor económico y financiero de los judíos prestaban a la sociedad. Aparecieron los Hofjuden o “judíos de la corte”, que servían como asesores financieros del imperio y se formó un nuevo barrio judío, el Judenstadt, donde se construyeron casas, comercios y una sinagoga. Aun así, seguían existiendo restricciones, expulsiones y límites sobre dónde podían vivir. La vida judía dependía siempre del humor del gobernante, lo que hacía que cada avance fuera frágil. Pero igual, la comunidad siguió creciendo, estudiando, trabajando y manteniendo su identidad.
El gran cambio llegó en el siglo XVIII, durante la Ilustración, una época de profundos cambios filosóficos y políticos en Europa. El emperador José II emitió el Edicto de Tolerancia, que eliminó algunas restricciones medievales y permitió que los judíos asistieran a universidades y ejercieran nuevas profesiones. En 1826 inauguraron la gran sinagoga de Seitenstettengasse, construida por Joseph Kornhäusel, un símbolo de orgullo para una comunidad que por primera vez empezaba a experimentar algo parecido a la igualdad. Este avance fue parte del Kavod que los judíos reclamaban: el derecho a vivir con dignidad en la ciudad que también era su hogar.
En el siglo XIX, Viena se convirtió en uno de los centros culturales más importantes de Europa y la comunidad judía participó de manera importante. La emancipación de 1867 permitió que los judíos fueran ciudadanos plenos y la población judía creció rápidamente: de 40.000 en 1870 a casi 150.000 a comienzos del siglo XX.
Esta fue la época de Freud, Herzl, Schnitzler, Kraus y tantos otros que transformaron la ciencia, la cultura y la política europea. Viena brillaba y una parte enorme de esa luz venía de su comunidad judía. Era un período en el que la creatividad, la educación y el pensamiento judío estaban en su mejor momento.
Libro de Nacimientos de la Israelitische Kultusgemeinde, Comunidad Judía de Viena. Registro de Ferdinand Silbermann, mi bisabuelo.
A la izquierda, mi bisabuelo Ferdinand Silbermann, en Viena antes de la Segunda Guerra Mundial.
Pero mientras la comunidad florecía, también crecía el antisemitismo moderno. A finales del siglo XIX surgieron líderes políticos como Karl Lueger, que usaron el discurso antijudío para ganar poder. A pesar de los logros y aportes de la comunidad, este odio tenía raíces profundas y se convertiría en algo terrible.
En 1890 se creó la Israelitische Kultusgemeinde Wien, la organización oficial de la comunidad judía de Viena, a la que pertenecieron mis tatarabuelos.
Para 1938, la vida judía allí era impresionante: habían 22 sinagogas, 50 minyanim locales, museos, bibliotecas, escuelas, hospitales, orfanatos, cocinas kosher, asociaciones políticas, grupos femeninos, clubes deportivos como Hakoah y Maccabi, periódicos, revistas y más de 440 instituciones judías activas. Los judíos eran apenas el 3% del país, pero el 10% de Viena y estaban muy presentes en profesiones como la medicina, farmacia, academia, arte y especialmente en la industria textil, en la que trabajó mi abuelo Ferdinand.
Sin embargo, todo cambió en 1938 con el Anschluss, la anexión nazi de Austria. A los judíos se les despojó de su nacionalidad, de sus profesiones y de sus propiedades, quedando excluidos de la vida civil y económica. En cuestión de semanas, comenzó un proceso brutal de humillaciones públicas, saqueos, confiscaciones, violencia y deportaciones. Las sinagogas fueron quemadas durante la Noche de los Cristales Rotos y luego miles de judíos fueron enviados al campo de concentración de Mauthausen o utilizados en trabajos forzados y casi todas las propiedades judías fueron “arianizadas”, es decir, robadas por el régimen nazi. De los 190.000 judíos que vivían en Austria antes del Anschluss, mas de dos tercios ya no estaban allí en 1945: habían sido asesinados o expulsados.
La Stadttempel o Gran Sinagoga de Viena, destruida en Kristallnacht.
La sinagoga Stadttempel ahora.
Aun así poco después de terminar la guerra, comenzaron de nuevo: reabrieron escuelas, organizaciones, clubes y reconstruyeron, poco a poco, una vida comunitaria. Fue una reconstrucción hecha con esfuerzo y memoria, un acto profundo de Kavod hacia quienes no volvieron.
Hoy, hablar de la Comunidad Judía de Viena es reconocer una historia de creatividad, estudio, lucha, riqueza cultural y también dolor. Es entender que cada sinagoga, cada institución, cada familia y cada nombre forman parte de una historia grande y valiosa. Como el hermano de mi bisabuelo, Max Silbermann, quien después de emigrar a Bolivia para salvar su vida, decidió volver en sus últimos años a Viena, la ciudad que lo vió nacer. Kol HaKavod a quienes reconstruyeron desde las ruinas.
Kol HaKavod a una comunidad que sigue siendo un puente entre el pasado, el presente y nuestras raíces.





Judengasse - Barrio Judío en Viena, 1878 .
Fuentes: