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WILLY FEINZAIG Z''L

Mi abuelo se llamaba Willy Feinzaig Rosenstein Z''L, aunque desde siempre todos lo conocieron con cariño como Billy. Nació el 22 de noviembre de 1931, en San José, Costa Rica, cuando la ciudad era todavía más como un pueblo que como la capital que conocemos hoy. En esa época casi no habían carros, la gente todavía usaba carretas con caballos y uno de los sonidos más comunes era el del tren que pasaba por la ciudad. También se escuchaban gallos y gallinas por las mañanas. Todo era más tranquilo y simple, y en medio de ese ambiente llegó al mundo mi abuelo, alguien que con el tiempo se convertiría en una persona muy respetada, querida y llena de honor hacia su familia, su comunidad y su profesión. Desde el inicio, su vida se fue tejiendo alrededor de una palabra clave en nuestra familia: Kavod, el honor que siempre lo acompañó y que él mismo supo construir con esfuerzo y dignidad.

 

Su apellido Feinzaig, que en polaco se escribía Fejncajg, venía de un pueblo en Polonia llamado Ostrów Mazowiecka. El apellido Rosenstein, por parte de su mamá, venía de Wyszkow, otro pueblo polaco cerca de Varsovia y a orillas del río Bug. Estos apellidos guardaban historias difíciles, gran parte de sus familiares murieron en la Shoá. Ese recuerdo marcó mucho la vida de su papá y también la de mi abuelo, porque creció con la conciencia de lo que significaba ser judío, de la importancia de no olvidar y de mantener vivas las tradiciones y la identidad. Para él, la memoria y el kavod a sus ancestros eran principios irrenunciables.

 

Los papás de mi abuelo fueron Luis (León) Feinzaig Z''L y Dora (Dinche) Rosenstein Z''L. Luis había salido de Europa en 1928 buscando un futuro mejor y cuando como muchos inmigrantes, se enteró de lo que pasó en la guerra, sufrió muchísimo porque perdió a muchos familiares y amigos. Su mamá, Dora, era pura dulzura, una verdadera “yiddische mame”, la tradicional madre judía ashkenazí: protectora, cariñosa, siempre atenta a que a sus hijos y más tarde, a sus nietos, nunca les faltara comida ni cariño. Ellos trabajaban vendiendo ropa a domicilio, eran lo que se llamaba polaqueros. Les costó mucho prosperar en Costa Rica, pero con muchísimo esfuerzo sacaron adelante a su familia y esto marcó a Willy para siempre. Su historia fue un ejemplo vivo de cómo el kavod se transmite de generación en generación en el hogar, no con cosas materiales, sino con valores, fortaleza y amor.

 

Mi abuelo Willy era el mayor de tres hermanos. Luego nació su hermana Ruth Z”L (1937-2023), a quien todos llamaban tía Ruthy y el menor es Jaime (1943), quien vive en Costa Rica. Entre los tres había una relación muy bonita, aunque Ruthy se fue muy joven a vivir a México, donde formó su familia. Mi abuelo Billy siempre los visitaba y mantenían el contacto. Jaime, en cambio, se quedó en San José y hasta hoy nuestra familia tiene una relación cercana con él, sus hijos y sus nietos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La infancia de mi abuelo Willy Z''L transcurrió en una casa en San José, en el Barrio La Castellana, frente a la Avenida 10. Esa casa todavía existe. Como muchas de aquella época, tenía un jardín al frente, un zaguán que era como una terraza y un pasillo largo con los cuartos a los lados, que llevaba hasta un jardín trasero. Según familiares, Zeide Billy siempre recordó de su infancia el olor de la cocina de su querida mamá, ya que era excelente cocinera y preparaba recetas de Polonia y el San José de antaño, uno donde la vida fué más sencilla y donde aprendió a cultivar el kavod que le permitiría cuidar a su madre hasta el final de sus días.

 

El valor más importante en su familia era el trabajo y la educación. Aunque sus padres llegaron sin nada, hicieron todo lo posible para que sus hijos estudiaran. Eso marcó a mi abuelo Willy para siempre. Estudió la primaria en la Escuela Buenaventura Corrales y la secundaria en el Liceo de Costa Rica. Al principio era un poco travieso e indisciplinado, pero con el tiempo cambió y se convirtió en un excelente estudiante, graduándose en 1949. Ese esfuerzo fue también una muestra de kavod hacia sus padres, que habían sacrificado tanto y hacia sí mismo, al superarse día a día.

 

Desde joven mi abuelo Billy Z''L soñaba con ser médico. Para él, tener una carrera universitaria de prestigio era no solo un sueño personal, sino también una forma de darle orgullo a su familia y de compensar a todos los que nunca pudieron estudiar. En Costa Rica no existía aún la carrera de Medicina, así que empezó estudiando Odontología. Sin embargo, se dio cuenta rápido de que lo suyo era la medicina. En 1951 se fue a México y entró a la Universidad Autónoma de México (UNAM), donde estudió durante ocho años hasta graduarse como médico general en 1958.

Después viajó a Miami, donde entre 1958 y 1959 hizo su internado y residencia de cirugía general en el hospital Mount Sinai. Allí empezó su vida profesional. En 1960 se fue a Rochester, Minnesota, para estudiar la especialidad en Urología en la prestigiosa Clínica Mayo, donde estuvo entre 1960 y 1965.

 

Poco después, en viajes entre Estados Unidos y Costa Rica, se empezó a ver con Rosa Mintz, quien se convertiría en mi abuela. Se casaron en 1961 en una boda hermosa y grande para esa época, celebrada en la Casa Italia, un salón social que se usaba para eventos importantes en San José. Luego de la boda, regresó junto a su esposa a Rochester, Minnesota, para que continuar su especialidad en Urología. Para ellos fue un cambio completamente nuevo y diferente: no era solo un idioma distinto, también una cultura distinta, y además estaban lejos de sus familias. Pero, aunque todo eso fue difícil, lograron adaptarse y crear memorias inolvidables en ese lugar, como el gran regalo de tener a su primera hija. Esta etapa de su vida muestra en parte el reflejo de su kavod: la capacidad de adaptarse y construir un hogar digno en cualquier parte del mundo.

 

Al regresar a Costa Rica, mi abuelo Willy Z''L se convirtió en uno de los pioneros de la Urología en el país. Trabajó con inmenso orgullo en el Hospital San Juan de Dios para la Caja del Seguro Social desde 1965 hasta el día de su muerte y además tuvo su consulta privada en la Clínica Americana en San José. Aunque lamentablemente enfrentó antisemitismo en el hospital, siempre salió adelante demostrando disciplina, preparación y carácter. Fue un médico distinguido, muy respetado y para muchos pacientes una figura de confianza. En su camino profesional, el kavod fue siempre su brújula: actuar con ética, tratar a sus pacientes con dignidad y servir a su país.

 

Junto a mi abuela Rosi, tuvieron cuatro hijos: Deborah (Debbie), Eliezer (Eli), Luis y Ionit. Como padre, tenía un carácter fuerte y era muy respetado por todos, pero al mismo tiempo fue amoroso y dedicado, transmitiéndo siempre la importancia de la educación universitaria y además de mantener las tradiciones judías.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con el tiempo se convirtió en lider comunitario: llegó a ser presidente del comité escolar del Instituto Dr. Jaim Weizman por más de seis años, presidente de la Comunidad Judía de Costa Rica y representante en Costa Rica de la organización internacional HIAS (Hebrew Immigrant Aid Society). Además, siempre mostró interés por la política y los acontecimientos en Costa Rica, Israel y Estados Unidos. Su liderazgo fue otra forma de vivir el kavod, poniendo en alto su voz en favor de su comunidad.

 

Mi abuelo Billy fue también una persona con intereses muy curiosos, le gustaba sembrar y cuidar de los árboles frutales en su jardín, coleccionar arte precolombino y seguir estudiando siempre sobre los avances de la medicina. Le encantaba el humor, sobre todo el sarcasmo y la ironía, que usaba en confianza con sus seres queridos. Aunque no era una persona muy religiosa, cumplía con admirable respeto las festividades principales como Pésaj, Rosh Hashaná y Yom Kippur. También recitó Kadish diariamente cuando tuvo que honrar a sus padres, lo que muestra el valor que siempre le dió a la tradición y al kavod que merecían sus seres queridos.

 

En la familia siempre cuentan una historia súper chistosa de mi abuelo Billy, de alrededor de los finales de los 80s. Todas las noches, ya listo para dormir, llamaba a sus hijos y les decía: “Tráigame medio banano y un vasito de Blancanieves”, que era como un vasito chiquitito y lo llenaban con limonada. Luego, como media hora después, los volvía a llamar y les pedía la otra mitad del banano y que le rellenaran el vasito. Sus hijos le preguntaban por qué no mejor le llevaban un vaso más grande de una vez, y él siempre decía que no se iba a tomar tanto, pero al final siempre se lo tomaba todo. Esa historia quedó como una de las anécdotas más divertidas de la familia.

 

Mi abuelo era tan querido por sus pacientes que siempre le llevaban regalos. Le daban de todo: frutas, verduras, piezas de madera, obras de arte que hasta el día de hoy se ven en las paredes de la casa de su esposa y hasta huacas y objetos precolombinos. Entre todo eso, un día unos pacientes le regalaron un perrito súper pequeño que se llamaba Óscar. Era tan chiquitito que parecía un juguete. Un día, mi abuelo estaba en el patio y sin darse cuenta, lo majó sin querer y el perrito se murió. Aunque fue un accidente, siempre se sintió muy mal por eso.

 

Uno de los momentos más difíciles de su vida llegó con su enfermedad. A mi abuelo Billy le dio cáncer de pulmón y luchó contra él con mucho coraje. Falleció el 27 de agosto del año 2000, a los 68 años, en el Hospital San Juan de Dios. Fue una partida dura y un poco inesperada. Lo enterraron en el cementerio de la Comunidad Judía en Costa Rica y su familia cumplió con la tradición de hacer Shivá por siete días y Kadish durante un año entero, mostrando el kavod que se le tenía y el respeto a por sus tradiciones.

 

Hoy, más de veinticinco años después, mi abuelo Willy Z''L sigue siendo recordado con amor profundo, respeto y admiración. Dejó un legado enorme: diez nietos, entre ellos mi hermano que lleva su mismo nombre, Billy, y también bisnietos que siguen llegando a la familia. dejó el ejemplo de ser un hombre intachable que trabajó duro, que puso a su familia, a su pueblo y a su profesión en primer lugar.

 

Un hombre que dejó como legado el ejemplo de que la educación, el esfuerzo y vivir con convicción es lo más valioso que uno puede heredar. Que el kavod se construye todos los días con acciones, disciplina y amor.

 

Aunque Zeide Billy Z''L murió antes de que yo naciera, su legado sigue vivo en mi: Para mí, recordarlo no es solo contar la historia de un gran médico, esposo, padre y abuelo. Es también saber que en honor a él, trataré de llevar en alto el nombre de la familia. 

Kol Hakavod

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GALERIA DE FOTOS DE WILLY FEINZAIG Z''L

Willy con su papá, mamá, hermana, y tía materna

Willy con su papá Luis

Willy 

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Willy con su esposa Rosi

Willy con su esposa Rosi e hija Debbie

Willy con su hijo Luis

Willy con su esposa Rosi e hijo Luis

Willy con sus hermanos Ruth, y Jaime

Willy con su hijo Eli

Willy con su esposa Rosi

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